He escrito numerosos textos en esta página y he estado pensando largo y tendido sobre si este testimonio tenía cabida o sentido en el marco de AVBAT. Después de mucho reflexionar y escuchar las opiniones de otros asociados, he llegado a la conclusión que sí, que el problema con el que se enfrentan los ciudadanos de Barcelona con la “sequía pertinaz” que nos amenaza y los usos del agua, tiene que ver, de una forma macabra o surrealista si se prefiere, con el problema de los cerramientos de áticos, terrazas y balcones en la ciudad condal.
He comentado aquí mi caso particular en varias ocasiones. Pero mi caso ya no existe porque el pasado 11 de Febrero empezaron las obras de derribo del cerramiento en mi ático. Acabaron las obras, desapareció una habitación crucial de mi casa y, al margen de la sensación de vacío y el nudo en el estómago al observar ese nuevo hueco irreverente, la ausencia, la muerte de un espacio lleno de recuerdos, ahora dispongo de una terraza de muchos metros cuadrados. ¿Qué puedo hacer con tanto espacio? Cuando nazcan mis peques a finales de Junio y pasen unos meses, tal vez les podré poner algunos juguetes; eso sí, no serán elementos fijos porque si les pongo una pequeña casita de madera para que hagan el indio, sé que el ayuntamiento me puede crujir a multas. Lo máximo con lo que me voy a atrever será una alfombra de juegos o unos pequeños triciclos de plástico.
También puedo plantar esas semillas que Iniciativa Verds envía de vez en cuando por boca de Inma Mayol y colgarme la medalla de ecologista progre. Teniendo en cuenta que uso las bolsas azul, amarilla y verde para reciclar que me envió mi ayuntamiento, pienso que creando un modesto jardín botánico en mi terraza, contribuiré a la regeneración del medio ambiente y a que llueva un poquito más. He de contrarrestar los efectos de las plazas duras, del cambio climático y, como expresó el señor Portabella en sus declaraciones en RAC1, ya que los vecinos con cerramiento tienen la culpa de que no hayan plantas en las terrazas de Barcelona, ahora que no tengo cerramiento, puedo contribuir a la Barcelona verde que tanto vende. ¡Yupi!
Lo que pasa es que, por lo que he leído y he ido aprendiendo a lo largo de los años, las plantas necesitan riego. Y una terraza absurdamente enorme, se ensucia y de vez en cuando necesita un buen baldeo. Para todos estos menesteres necesito agua. Y ahora gastar agua en exceso (como tener un cerramiento, o como ir de pasajero en un taxi sin cinturón de seguridad) es de muy mal ciudadano y es motivo suficiente para que otro vecino (como recomienda ya el ayuntamiento) te denuncie para que te caigan cuantiosas multas (como las que me solían caer cuando tenía el cerramiento).
Como ya estoy un poco escaldada por el contencioso anterior que me amargó la vida durante más de tres años, antes de hacer castillos botánicos e higiénicos en el aire, me quise enterar del uso que puedo hacer del agua en mi domicilio; agua por la que pago consumo e impuestos al alimón. Entiendo que el agua es un bien común y fuente de vida, como cacarean múltiples marcas de agua embotellada, y no quiero que se me acuse de delitos ecológicos tremebundos.
Llamé al 010 y pregunté si aún se podía (después de leer en prensa sobre la multa de 3.000 Euros por llenar una piscina) regar terrazas y plantas o si había alguna restricción de horarios o días. Me informaron que, efectivamente, se había establecido por medio del Decret de la Sequera (que me recordó ligeramente al decretazo contra el que me manifesté en la era Aznar, básicamente por lo impositivo, poco consensuado e inesperado) que no se podía regar con agua de boca. Yo pregunté que cómo se iban a controlar estos usos y a qué sanciones se exponían los malvados vecinos que hicieran caso omiso de estas nuevas directrices NO COMUNICADAS DE MODO EFICAZ a la ciudadanía por parte de nuestro querido ayuntamiento. Me dijeron que no sabían cómo responderme a estas preguntas y me facilitaron el teléfono de la Oficina de Sostenibilidad del ayuntamiento. Estaban convencidos de que en esta oficina sí se habrían recibido instrucciones claras por parte del gobierno municipal.
Ni corta ni perezosa, me puse en contacto con esta oficina. Me confirmaron lo que ya sabía y me dijeron que el ayuntamiento aún no les había facilitado información sobre el control, las inspecciones o las sanciones relacionadas con este tema. Sospechaban que se penalizaría y multaría el consumo excesivo (controlado por facturación de AGBAR) y por denuncias vecinales (qué miedo; qué rancio; cuánto de brigada político social hay aún en nuestros gestos cívicos).
Ante este panorama sólo restaba preguntar la pregunta impertinente. Si no puedo usar agua de boca para regar y limpiar una terraza de más de 40m2, ¿cómo lo hago? (Nota mental: Supongo que no se pueden limpiar tampoco las baldosas del resto del piso con baldes de agua potable; se me olvidó preguntarlo).
Las recomendaciones de la susodicha oficina son las siguientes.
1. Al lavar la lechuga o la judía verde de la cena, debo reciclar el agua sobrante.
2. Al ducharme, el agua que corre hasta que se pone a la temperatura correcta, debe ser recogida y reciclada.
Al cabo de unas cuantas recolecciones, podré regar plantas y limpiar la terraza. No le pregunté en qué lugar de mi reducido piso y en qué recipientes iba a recoger y almacenar esta agua ni cómo se puede salir dignamente de la ducha en pelotas con cubos y palanganas de agua fresquita reciclada. Al fin y al cabo, ya me había quedado suficientemente claro el panorama. Le di las gracias a la persona que me atendió y colgué el teléfono con el ánimo encogidillo.
Estas son mis conclusiones:
1. Nunca me ha gustado desperdiciar recursos. No me gusta gastar agua ni luz sin ton ni son. No creo que derroche recursos y no quiero hacerlo especialmente si hay “sequía pertinaz”.
2. La responsabilidad vuelve a ser otra vez del ciudadano de a pie. Los políticos han hecho tan bien sus deberes de mirar hacia otro lado y de culpabilizarnos de todos los males (como cuando Inma Mayol pidió a los ciudadanos con luz durante el apagón del veranito que moderaran el consumo, como si eso tuviera algo que ver con la celeridad con la que se arreglaba la central de Maragall) que no les pedimos responsabilidades sino que entonamos siempre el mea culpa.
3. No tengo claro para qué pago los recibos del agua. Si estoy dispuesta a pagar por mayor consumo y llevo pagando muchos impuestos sobre este bien líquido durante muchos años, a estas alturas del partido, todo este dinero ¿no podría haber sido invertido en obras hidráulicas sostenibles que garantizaran el agua en todos los rincones de la Península? Sabemos desde hace muchos años que España es un país afectado por sequías cíclicas. Ahora es Cataluña, el año que viene será Extremadura. ¿De verdad que todo es culpa nuestra y no podemos pedir responsabilidades a nuestros políticos?
4. ¿Me tengo que sentir peor y pagar mayores multas yo por ducharme durante cinco minutos más de la cuenta, olvidarme a veces de cerrar el grifo mientras me lavo los dientes, limpiar mi terraza una vez a la semana o limpiar el coche con agua de boca porque la freática lo deja apestoso que los responsables de que una tubería de Badalona haya perdido millones de litros de agua durante años o los responsables de que dos cañerías pierdan 800.000 litros de agua al día junto a unas oficinas de Aguas de Barcelona según publica hoy El Mundo?
5. La participación ciudadana real en los estamentos que ejercen el poder en Barcelona NO EXISTE.
6. Los barceloneses somos una panda de borregos y lo único que vamos a hacer es una cacerolada en Octubre cuando nos corten el agua unas horitas al día.
7. Hay miles de cosas que no funcionan en esta ciudad y estoy convencida que parte del problema tiene que ver con el enquistamiento de políticos del mismo partido en el poder. Lo digo como votante de izquierdas de cuna y convencida, como decía Forges, de que el lavabo siempre es algo que queda al fondo a la derecha. Ergo los barceloneses somos doblemente borregos y ni siquiera por el what if de un cambio de color político somos capaces de quitarnos de encima los políticos municipales que cada vez nos exprimen y oprimen más con tácticas más sibilinas.
8. No sé hasta que punto (si es que al final el control se realiza por consumo) un gobierno puede acceder a mis datos de consumo concretos de luz, agua, gas, etc. Me gustaría saber si eso constituye o no un delito contra la privacidad y un paso más hacia el 1984 orwelliano.
9. Se aplica el mismo modelo de gestión discriminativo y abusón con el tema del agua y con el tema de los cerramientos. ¿Con cuántos conflictos ciudadanos más que no nos afectan se cometen estos abusos? ¿Cuántas problemáticas reales y de calle desconocemos, se silencian o se negligen?
10. Por todos es sabido que Barcelona és bona si la bossa sona. En época de vacas flacas tal vez lo que deberíamos decir es Barcelona és bona si plou o L’Ajuntament de Barcelona pensa que els ciutadans són bons si paguen i callen.


Xapó!
L'aborregamenta barcelonauta és veritablement una insana costum o hàbit que s'està extenent. ¿Qué hacer para combatirla? Por el momento, da gusto leer reflexiones como las tuyas, y darse cuenta, que, pese a todo, no estamos solos. Y ¡felicidades! ;)
ISO Punitivo
Debe existir alguna norma ISO (como las de calidad, mediambiente y todas esas que empiezan por ISO y cuatro números más), que obliga a que las multas tengan como media la cifra de 3.000€ porque sino no se explica la fijación que tiene el ayuntamiento por esta cifra.
Ahora por no llevar a tus hijos al cole también te puede caer una multa de 3.000€ y si esta conducta es reiterativa, te pueden quitar la custodia de tu prole.
No sé si estas sanciones relacionadas con el consumo de agua y con el absentismo escolar tienen o no mucho sentido. Desconozo los pormenores de cada problemática y tal vez ayudan a evitar algunos males mayores pero, sea como sea, todo rezuma cierto tufo paternalista e intervencionista por parte del gobierno que da mucho pero que mucho miedo.